Ignacio Agramonte sobre el comunismo

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*La primera figura en la historia cubana que denunció de manera concreta cuanto después iba a caracterizar al totalitarismo comunista fue Ignacio Agramonte.

El cinismo con el que en Cuba, para confundir a la población, mezclan prestigiosos nombres del pasado, que nada tienen que ver con el marxismo, sino que, de hecho, como en el presente caso, lo niegan, logra singular relieve en este acto en memoria de Agramonte.

La primera figura en la historia cubana que denunció de manera concreta cuanto después iba a caracterizar al totalitarismo comunista fue Ignacio Agramonte. Al terminar su carrera de abogado en la Universidad de La Habana, como parte de sus ejercicios de grado, pronunció un memorable discurso censurando los gobiernos despóticos, la concentración de poder y la falta de libertad individual y de derechos humanos; dijo en aquella ocasión: “…Funestas son las consecuencias de la intervención de la sociedad en la vida individual; y más funestas aún cuando esa intervención es dirigida a uniformarla, destruyendo así la individualidad, que es uno de los elementos del bienestar presente y futuro de ella… La centralización hace desaparecer ese individualismo cuya conservación hemos sostenido como necesaria a la sociedad. De allí al comunismo no hay más que un paso; se comienza por declarar impotente al individuo y se concluye por justificar la intervención de la sociedad en su acción destruyendo su libertad, sujetando a reglamento sus deseos, sus pensamientos, sus más íntimas afecciones, sus necesidades, sus acciones todas… El gobierno que con una centralización absoluta destruya ese franco desarrollo de la acción individual, y detenga la sociedad en su desenvolvimiento progresivo, no se funda en la justicia y en la razón, sino tan sólo en la fuerza; y el Estado que tal fundamento tenga, podrá en un momento de energía anunciarse al mundo como estable e imperecedero, pero tarde o temprano, cuando los hombres, conociendo sus derechos violados se propongan reivindicarlos, irá el estruendo del cañón a anunciarle que cesó su letal dominación” (Eugenio Betancourt Agramonte, Ignacio Agramonte y la revolución cubana, La Habana, 1928,13-22).

Todas las biografías de Agramonte glosan generosas este discurso no sólo porque es una muestra de su pensamiento y de su inteligencia, sino porque es de los pocos testimonios que se conservan de su oratoria, pero la biografía publicada por el gobierno comunista de Cuba sólo reproduce unas frases del mismo, y eso para acusar al ilustre patriota de “anacrónico”, ingenuo y colonialista, y calificarlo de “intelectual burgués en defensa del individualismo y contra el comunismo, con las mismas falsas razones y dibujando la misma caricatura que pintaban los reaccionarios de aquel tiempo y pintan los actuales”.

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