LA MISMA CUBA

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A veces me siento a escribir y mi alma toda desemboca en un mar de tinta para expresar lo que guardo dentro. Son tantas cosas por decir que resulta difícil limitar el pensamiento a una secuencia de palabras. Entonces miro hacia atrás y confirmo lo que las Sagradas Escrituras sentenció hace miles de años: “Nada nuevo hay debajo del sol”. Para mi patria, Cuba, más que profecía es realidad inmutable desde sus orígenes. Aquí está lo que dijo Martí en 1887. Triste.

Nos trajo aquí la guerra, y aquí nos mantiene el aborrecimiento a la tiranía, tan arraigado en nosotros, tan esencial a nuestra naturaleza, que no podríamos arrancárnoslo sino con la carne viva! ¿A que hemos de ir allá cuando no es posible vivir con decoro ni parece aun llegada la hora de volver a morir?… ¿A que iríamos a Cuba? ¿Oír chasquear el látigo en espaldas de hombre, en espaldas cubanas, y no volar, aunque no haya mas armas que ramas de árboles, a clavar en un tronco, para ejemplo, la mano que nos castiga? ¿Ver el consorcio repugnante de los hijos de los héroes, de los héores mismos, empequeñecidos en la pereza y los vicios importados que ostentan, ante los que debieran vivir de espaldas a ellos, su prosperidad inmunda? ¿Saludar, pedir, sonreír, dar nuestra mano, ver a la caterva que florece sobre nuestra angustia, como las mariposas negras y amarillas que nacen del estiércol de los caminos? ¿Ver un burócrata insolente que pasea su lujo, su carruaje, su dama, ante el pensador augusto que va a pie a su lado, sin tener de seguro donde buscar en su propia tierra el pan para su casa?

¿Ver en el bochorno a los ilustres en el desamparo a los honrados, en complicidades vergonzosas al talento, en compañía impura a las mujeres, sin los frutos de su suelo al campesino, que tiene que ceder al soldado que mañana lo ha de perseguir, hasta el cultivo de sus propias cañas? ¿Ver a un pueblo entero, a nuestro pueblo, en quien el juicio llega hoy a donde llegó ayer el valor, deshonrarse con la cobardía o el disimulo? Puñal es poco para decir lo que eso duele.

¡Ir, a tanta vergüenza! Otros pueden: ¡NOSOTROS NO PODEMOS!

José Martí

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