La economía cubana falla porque va contra el mercado (Segunda Parte: La Demanda)

peso_cubano-webLa semana pasada hablábamos de la oferta, o sea, los bienes y productos que los fabricantes e importadores entregan al mercado para satisfacer la demanda. Estos fabricantes e importadores compiten en el Mercado para ganarse la preferencia de los consumidores, o sea, que prefieran el producto que ellos ofrecen en vez del que ofrecen sus competidores. Muchos factores intervienen en esta parte de la ecuación pero para no complicarla, la limitaré a calidad del producto, disponibilidad en puntos de venta, precio y servicio al cliente.

Estos factores hacen que un consumidor escoja un producto de cierta marca sobre el de otra marca. En Cuba, no existe competencia y los consumidores tienen que aceptar el que haya, si lo hay, con la calidad que sea y al precio que establezca el gobierno que es el único proveedor y que no necesita competir. Y a veces, los precios se fijan tan elevados que el consumidor no tiene el dinero necesario para pagarlo.

Mientras los productores privados buscan la mejora y la productividad como alicientes para ganar penetración en el mercado, el estado, como proveedor único, no se tiene que preocupar para nada de esos conceptos que solo beneficiarían a los consumidores.

Pero, ¿Qué artículo necesita o quiere comprar el consumidor?  Esa pregunta normalmente se responde en los sistemas de libre mercado y competencia, cuando las empresas hacen estudios del mercado y les preguntan directamente a los consumidores qué prefieren o qué quieren y escuchan la llamada “voz del cliente”. Pero en Cuba eso es un anatema, porque es muy fácil que la voz del consumidor salte del producto y del mercado, a la arena política, porque la causa raíz de todos los problemas de calidad y suministro, se puede rastrear a un sistema donde el gobierno opina por la gente. Es el gobierno quien decide que se produce o importa, que cantidad se ofrece y a qué precio. Eso pervierte completamente el concepto de mercado libre.

Por eso el estado debe dejar de involucrarse en esa actividad y también dejarla en manos de los particulares, del sector privado. El Sector Privado tomará en cuenta a sus clientes, verá los precios de los competidores, y sobre todo, establecerá  sistemas para pronosticar la demanda y evitar que exista escasez de un producto. Hay numerosos modelos para pronosticar la demanda, casi todos utilizando computadoras y un tipo de software llamados genéricamente ERP, que ayudan a optimizar los recursos de una empresa, a la vez que permiten pronosticar la demanda con mucha precisión.

Y las fábricas modernas se diseñan para ser flexibles y poder responder rápidamente a cualquier fluctuación o cambio en la demanda, permitiendo ajustar la oferta con oportunidad.

Cuba presenta un problema particular. Llevamos décadas de escasez donde ha habido momentos en los que no se consiguen productos como clavos, o bombillos de luz, o aceite de cocina, o ciertos condimentos, o faltan bienes como como refrigeradores, televisores, ventiladores, aires acondicionados, etc. Desde luego la oferta de casas ha sido nula al igual que la de automóviles. En muchos hospitales faltan medicinas, anestésicos, etc. En fin, en Cuba hace falta prácticamente de todo, o sea, la demanda es descomunal.

Pero no basta que yo necesite un artículo. Tengo que tener los recursos para comprarlo y esos recursos los obtengo de mi dinero, de lo que gano en mi trabajo, de mi sueldo. El sueldo o salario es un precio: es el precio del trabajo y también debe estar sujeto a la Ley de la Oferta y la Demanda. Por eso en la mayoría de los países, hay personas que ganan mucho dinero, porque poseen una habilidad o conocimiento que otros no tienen y alguna empresa les paga un muy buen sueldo para asegurar sus servicios. Pero en Cuba, bajo un erróneo concepto de igualdad, a todo el mundo se le pagaba lo mismo. De ahí salen los $20 o $30 mensuales que no alcanzaban para nada. Y por qué me preocupo en aprender y mejorar si voy a seguir ganando lo mismo. El sistema inhibe la superación personal o hace que la misma se busque en el extranjero. Por eso dentro de los pequeños cambios que ha realizado el gobierno Raulista, está el aumentar algunos sueldos, entre ellos, a los médicos y a los jugadores de béisbol, pero esto se ha hecho por decreto y no como resultado de las leyes del mercado.

Además, el gobierno cubano no permite la libre contratación de personal, y obliga a las empresas extranjeras, que son las que hasta ahora han existido en Cuba, a usar al estado como un proveedor de mano de obra o cerebro de obra. Las empresas le pagar al gobierno para usar a las personas y es el estado es quien le paga a las personas y les paga una cantidad infinitamente menor a lo que cobra, una miseria, lo que equivale a aplicar un gigantesco impuesto invisible. Algunas empresas extranjeras dan a sus trabajadores un pequeño “sobresueldo” confidencial por debajo de la mesa, pero así no funciona el mercado. Se debe permitir la libre contratación de personal por las empresas, tanto nacionales como extranjeras, al precio que se negocie. Los sueldos sin duda serán mucho más altos y la gente podrá tener dinero para comprar los productos que demanda.

No se puede dejar de mencionar que hoy en día, muchos cubanos tienen o buscan otras fuentes de ingreso. La primera son las remesas familiares que les envían sus parientes que viven en el extranjero, y la segunda es el ingreso por los continuos robos de productos que se hace en los centros de trabajo para ser vendidos en el mercado negro. Este es un problema que en una nueva Cuba se tiene que erradicar.

Desde luego, el estado necesitará recursos para proporcionar los servicios comunes, y los deberá obtener a través de un sistema fiscal moderno, aplicando impuestos que no deben ser excesivos. En este aspecto es fácil conocer  los impuestos que se pagan en otros países para establecer tasas similares pues contra ellos competimos. Y desde luego, se tiene que eliminar el control de cambios y la doble moneda que es una aberración maquiavélica que solo sirve para empobrecer al pueblo. La moneda deberá flotar libremente en el mercado, y el tipo de cambio o precio lo deberán fijar la oferta y la demanda.

Si la gente puede ser contratada libremente y sus sueldos se fijan en base a las leyes del mercado, las personas dispondrán de recursos suficientes para comprar lo que necesitan y la demanda no se verá distorsionada. En ese momento las leyes del mercado funcionarán como se supone que deben funcionar.  Si la oferta de un producto es baja, su precio subirá y mucha gente querrá producirlo. Entonces crecerá la oferta y los precios volverán a bajar.

Por eso el sistema cubano funciona mal. Porque el estado interfiere en la oferta y la demanda. El estado impide que las leyes del mercado funcionen eficazmente y cumplan su cometido.

Eso implica tomar decisiones que van contra las raíces del Fidelismo Marxista. Porque en Cuba no hay un Socialismo sino un Fidelismo heredado por ahora por Raúl, que aunque es más pragmático que su hermano Fidel, no deja de ser un Castro. Con un poquito más de flexibilidad, sobre todo para ganar aceptación, ha implementado su sistema, su “Raulismo”.

Por eso Cuba necesita cambios profundos, por eso necesita leyes que no solo permitan la inversión de particulares cubanos, sino que la incentiven. Que permita que las personas se dediquen a cualquier actividad, siempre y cuando ésta no sea ilícita. Mientras eso no suceda, las mejoras serán solo marginales. Por eso hablamos de que Cuba necesita una verdadera transición que le permita pasar de un centralismo Fidelista-Raulista a un verdadero sistema de libre mercado que hace años demostró en nuestra propia patria que funciona muy bien.

Y lo mismo se tiene que aplicar a las decisiones políticas. Mientras solo sea una persona o un grupito quien decida lo que se hará, no se avanzará. El gobierno también tiene que abrirse a la competencia, o sea, hacerse plural. Permitir a otros retar el poder, escuchar la voz del pueblo y no penalizar ni marginar a aquellos que proponen soluciones distintas a la solución “oficial” porque es muy probable que ellos sean los que tengan la razón.

Eso se llama democracia. Eso se llama libertad. Pero mientras un Castro esté en el poder y la Asamblea Nacional del llamado Poder popular esté dominada por ancianos jurásicos cuyo trabajo es decir “sí” a lo que propone el jefe, ese será otro lastre gigantesco para Cuba. Por eso en Cuba falla la economía y falla todo, porque se necesita una transición que deberá ser una transición integral que abarque todos los aspectos, sean económicos, sean sociales o sean políticos.

Y no olvidemos, que este es un problema cuya solución nos incumbe sólo a los cubanos. No esperemos que nadie lo haga por nosotros. Ojalá, pueda hacerse en paz a través de una reconciliación nacional.

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Jorge RosJorge Ros
Cubano, Mexicano y Norteamericano. Ingeniero Mecánico y Electricista. Creo que el gobierno de Cuba debe cesar el bloqueo que mantiene en contra de los derechos del pueblo cubano


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