La necesidad de un partido político

partido

Por Alexandro González

Criterios hay, miles. Líderes también. Y opiniones, maneras de arreglar “la cosa”, de “tumbar aquello”. Pareciera que todos tenemos algo que decir.

Se puede percibir que un alto porcentaje de las cosas que conciernen a Cuba no pasan de ser fotográficas, no trascienden la crítica descriptiva, narrativa, anecdótica. “La cosa está mala”, “Fidel es un asesino”, “que se mueran todos los comunistas”, “en Cuba no hay quien viva”, “el socialismo no sirve”. Todos lo sabemos. Se impone ir un poco más allá, cruzar la raya que le ha impuesto la tiranía a la oposición, sacudir los cimientos de la ignominia donde radica su sustancia.

Mientras los padres de la nación tomaban las armas para enfrentar a la metrópolis José Martí concibió la lucha desde otra óptica. Se percató de la necesidad de crear un sistema ideológico que sentara las bases de la República: fundó el Partido Revolucionario Cubano. Las acciones del PRC garantizaron los recursos espirituales, morales, éticos y económicos necesarios para la guerra y en sus estatutos se estableció el carácter de la misma. Fue el ejército invasor norteamericano quién presionó para disolver los dos grandes elementos que habían conquistado la independencia: el Ejército Libertador y el Partido Revolucionario Cubano.

Un análisis de la realidad que vivimos nos presenta la misma problemática. Existen grupos que basan su esencia en reclamos temporales como permisos para viajar al exterior, plebiscitos, derecho a vivir en La Habana, eliminación de la doble (acaso triple) moneda, acceso a internet o derecho a protesta. No es difícil reconocer las limitaciones de la oposición a la hora de develar el verdadero enemigo de la libertad de Cuba. No somos capaces de percatarnos que estas expresiones son sólo síntomas de un mal mayor arraigado en la psiquis de la sociedad cubana: caudillismo, falsos valores, mesianismos, irresponsabilidad social, desarraigo, protagonismo, enajenación; males que sólo la ilustración política puede curar.

Hoy Cuba necesita un partido político, un brazo ideológico que responda a las frustraciones de cada cubano, una estructura de pensamiento que dibuje el futuro de la nación y garantice, de una vez por siempre, el triunfo de la República sobre la monarquía absolutista que ha secuestrado a la patria, un eje sobre cuyo centro graviten todas nuestras aspiraciones de libertad y prosperidad verdaderas a pesar de la diversidad que pretende abrumarnos e intenta fragmentarnos en átomos.

La fuerza está aquí, en las ideas que nadie puede secuestrar o matar. La guerra se gana primero en el campo de las ideas. Apostemos nuestras vidas al triunfo de la virtud sobre el vicio y el fanatismo.

Ante la opresión total proponemos la libertad absoluta. El momento ha llegado.

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