Cristo crucificado sobre una hoz y un martillo

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Por Alexandro Gonzalez

Hace poco pudimos presenciar la entrega, por parte del presidente de Bolivia, Evo Morales, de un obsequio peculiar al Papa Francisco. Nada más y nada menos que un Cristo crucificado sobre una hoz y un martillo, símbolo tradicional del comunismo histórico.

Independientemente de las opiniones de simpatizantes y detractores de este tipo de simbología intentaremos, y rogamos a la Providencia luz para ser lo más exactos posible y no pecar por exceso o por defecto, analizar este símbolo de manera imparcial y hacer honor a la justicia.

¿Quién fue Cristo?

Como los grandes personajes de todos los tiempos, Cristo no está exento de variedad de interpretaciones. Todos quieren tener un pedazo de su Gloria para sí.

Independientemente de las diferentes interpretaciones históricas a las que pueda someterse la figura de Cristo, debemos reconocer que es un personaje exclusivo de los Apóstoles y cualquier aproximación a su figura debe pasar por la visión apostólica  mesiánica que la Iglesia le impregnó a su figura.

Intentar encajar a Cristo en otras perspectivas terminará deformando la imagen que la Iglesia primitiva transmitió sobre Él y su papel redentor como Hijo de Dios y Salvador del género humano.

¿La hoz y el martillo?

El comunismo aplicado, o marxismo-leninismo, es un sistema ideológico ateo y materialista que aplica a nivel social la interpretación de la escuela histórico-crítica.

Para la corriente histórico-crítica, Cristo no fue más que un judío a quien un grupo de sensacionalistas impregnaron un toque divino-sobrenatural creando mitos de milagros, la resurrección y las historias recogidas en los Evangelios que conocemos hoy.

En el campo de la aplicación social y práctica de esta ideología tenemos suficiente evidencia histórica de la persecución sangrienta e indiscriminada que los cristianos han tenido que sufrir de la mano de los regímenes comunistas.

En el caso de Cuba se cerraron Iglesias, colegios cristianos, centros de caridad religiosos y todo tipo de institución que de alguna manera estuviera vinculado a la fe. La persecución no sólo se dirigió a las instituciones religiosas. Cristianos de todas las denominaciones fueron perseguidos, encarcelados, expulsados de las escuelas, se les negó entrar a las universidades y otras instituciones de enseñanza superior, marginados, enviados a campos de trabajo forzado, exilio involuntario y muchos sacrificaron sus vidas por sus creencias mientras gritaban “¡Viva Cristo Rey!” ante el paredón de fusilamiento.

Entonces nace la pregunta: ¿Cómo es posible mezclar la doctrina comunista con lo que la imagen del Cristo Crucificado representa?

Los cristianos del mundo, especialmente los que hemos sobrevivido a tiranías comunistas, tenemos el deber moral de demandar al Papa Francisco que condene explícitamente este sacrilegio y exigimos, firmemente, que este tipo de imágenes sean vetadas en honor a los millones de cristianos que han perecido en los países donde se iza la bandera de la hoz y el martillo.

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