La Guerra Cristera

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*Los cubanos no somos los unicos en la reciente historia latinoamericana, traicionados por grandes intereses economicos, politicos y religiosos. La Guerra Cristera de Mexico fue un triste ejemplo de ello. Esa repugnante historia de manipulacion, traicion y abandono, hoy se repite con Cuba.

Por Gabriel Astengo.

La Guerra Cristera en México fue un conflicto armado que se prolongó desde 1926 a 1929 entre el gobierno de Plutarco Elías Calles y milicias de laicos, presbíteros y religiosos católicos que resistían la aplicación de legislación y políticas públicas orientadas a restringir la autonomía de la Iglesia Católica. En ese silenciado conflicto, ocultado por grandes intereses, murieron mas personas que en todo el tiempo que duro la revolucion mexicana.

La Constitución Mexicana de 1917 establecía una política que negaba la personería jurídica a las iglesias, subordinaba a éstas a fuertes controles por parte del Estado, prohibía la participación del clero en política, privaba a las iglesias del derecho a poseer bienes raíces, desconocía derechos básicos de los “ministros del culto” e impedía el culto público fuera de los templos. Algunas estimaciones ubican el número de personas muertas en 250 mil, entre civiles, efectivos de las fuerzas cristeras y del ejército federal mexicano.

La radicalización del gobierno callista hizo que en zonas de los estados de Guanajuato, Jalisco, Querétaro, Aguascalientes, Nayarit, Colima, Michoacán y parte de Zacatecas, en la Ciudad de México, y en la península de Yucatán creciera un movimiento social que reivindicaba los derechos de libertad de culto en México. La dirigencia del movimiento, cercana pero autónoma respecto de los obispos mexicanos, creyó viable una salida militar al conflicto. En enero de 1927, empezó el acopio de armas; las primeras guerrillas estuvieron compuestas por campesinos, a los que se fueron sumando muchos soldados del fallecido lider revolucionario, Francisco “Pancho” Villa, asesinado un tiempo antes por ordenes de Alvaro Obregon..

El apoyo a los grupos armados fue creciendo, cada vez se unían más personas a las proclamas de ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva Santa María de Guadalupe! lanzadas por quienes fueron conocidos como los “cristeros”. La jerarquia catolica de Mexico veia con simpatia estos justos reclamos de su grey y aunque no se pronunciaba publicamente en favor de la lucha armada, en privado apoyaba y estimulaba la rebelion. El Vaticano no era ajeno a todo esto.

Sin embargo, mas adelante y en el trancurso de esa lucha, los obispos mexicanos, con muy contadas excepciones, se distanciaron rápidamente del movimiento armado, desconocieron a la Liga Catolica y trataron de negociar traidoramente la paz con el gobierno de Plutarco Elias Calles. Esto se hizo con la mediación del gobierno de los Estados Unidos, quien en esos tiempos ejercia una politica errada hacia los paises de Latinoamerica. Politica torpe de imposicion, que con el tiempo fue creando un sentimiento anti-norteamericano en toda el area, que habilidosamente fue capitalizada por elementos comunistas y populistas para confundir a mucha gente en esta America nuestra, algo que todavia esta vigente en algunos sectores de nuestra poblacion continental. Los errores siempre traen consecuencias y esta conducta del gobierno de EEUU por aquellos tiempos, fue una de ellas.

Los alzamientos comenzaron en Jalisco, Zacatecas, Guanajuato y Michoacán por el año 1926, luego se sumó casi la totalidad del centro del país. El conflicto tuvo un carácter fundamentalmente rural aunque la dirección de la Liga fue eminentemente urbana. Los cálculos más optimistas consideran que hacia 1927, las fuerzas cristeras rondaban los 12 mil efectivos y dos años después, en 1929, habían alcanzado los 20 mil.

En 1928, luego de una tortuosa reforma de la Constitución de 1917 y a pesar de que la Revolución Mexicana había iniciado al grito de “sufragio efectivo, no reelección”, el ex presidente Álvaro Obregón contendió como candidato virtualmente único en las elecciones presidenciales, apoyado por Calles. Se decía, sin embargo, que Obregón —a diferencia de Calles— no tenía interés en continuar con el conflicto, por lo que llegaría a un acuerdo para acabar con la guerra. Obregón, sin embargo fue supuestamente asesinado por el catolico, José de León Toral, en el restaurante “La Bombilla” en el Distrito Federal. Obregón había acudido alli para participar de un desayuno ofrecido por los legisladores del bloque parlamentario que le apoyaba. Investigaciones forenses posteriores, afirman que Obregon recibio varios disparos por la espalda y no son pocos los que creen que su muerte fue preparada por Plutarco Elias Calles, y que Leon Toral fue solamente un “chivo expiatorio”, quien mas tarde fue fusilado.

Al llegar a la presidencia Emilio Portes Gil, comenzó una larga negociación, en la que participó como mediador, el recién llegado embajador estadounidense Dwight Morrow. Por su parte, la Santa Sede designó al todavía Obispo de Tabasco Pascual Díaz Barreto, como secretario del Comité Episcopal nombrándolo “intermediario oficial” para solucionar el conflicto Iglesia-Estado, a pesar de provenir de una diócesis pequeña, marginada y muy golpeada por los excesos de los gobiernos federales y estatales en la aplicación de las leyes en materia de relaciones Estado-Iglesia. Junto con el delegado apostólico Señor Leopoldo Ruiz y Flores, se entrevistaron con el presidente, Lic. Portes Gil, para llegar a un acuerdo el 21 de junio de 1929 sobre la cuestión religiosa.

Se logró un acuerdo de amnistía general para todos los levantados en armas que quisieran rendirse. Se acordó devolver las casas curales y episcopales, y evitar mayores confrontaciones en lo sucesivo. Sin embargo, la Liga y la mayoría de los efectivos de los ejércitos cristeros no aceptaron el acuerdo, así que estimaciones de personajes cercanos a la Liga señalan que de unas 50 mil personas involucradas directa o indirectamente en las acciones militares, sólo 14 mil depusieron las armas, aunque estas cifras han sido motivo de debate. Mas tarde muchos de los cristeros que depusieron las armas, fueron emboscados y vilmente masacrados. Miles de campesinos fueron asesinados por el gobierno federal, mientras El Vaticano y el alto clero mexicano “voltearon la cara”, inclusive dejando cobardemente abandonados a muchos sacerdotes que combatieron junto al movimiento “cristero”.

Despues de esta necesaria introduccion de lo que fue la Guerra Cristera o Cristiada, hablemos del jefe rebelde, general Enrique Gorostieta Velarde, tan excelentemente interpretado por nuestro Andy Garcia en la pelicula Cristiada.

Enrique Gorostieta Velarde, nació en Monterrey, Nuevo León, en 1890. Hizo sus estudios en el Colegio Militar de Chapultepec al que ingresa en diciembre de 1906. En mayo de 1911, sin haber terminado todavía sus estudios, se incorpora al servicio. Sirvió el ejército al final del regimen de Porfirio Díaz, durante el interinato de León de la Barra, durante el regimen de Madero y el de Huerta. Fue uno de los generales más jóvenes del ejército mexicano. En 1914 participa en la defensa de Veracruz contra la invasion estadounidense. Luego luchó contra Venustiano Carranza a las órdenes del General Juan Andrew Almazán, en el noroeste del país, en incursiones desde Estados Unidos, donde estaba exiliado.

Volviendo a nuestro personaje, es necesario acotar que, en la etapa a la que nos estamos refiriendo, Gorostieta era un hombre que no se distinguía por ser un católico fervoroso, pero tampoco como un anticlerical a ultranza, pero al ver las arbitrarias restricciones a la libertad religiosa, se incorpora al movimiento cristero.

El valor y el genio militar de este hombre, conocido por sus soldados como “el general invencible”, fueron fundamentales para la causa cristera. Sólo después de su enorme labor se pudo hablar del «ejército cristero» y no de los «ejércitos cristeros». Combatió en los estados de Jalisco, Michoacán, Colima y Zacatecas. Reorganizó y disciplinó al ejercito cristero. Murió en la Hacienda del Valle, en Atotonilco el Alto, Jalisco, en junio de 1929, apenas 19 días antes de la firma de los tratados de paz. Gorostieta se oponía a éstos y expuso sus razones en un documento que escribió semanas antes de su muerte y solicitó a la LNDR que lo hiciera llegar a las autoridades eclesiásticas que negociaban con el gobierno. Desde el mes de mayo ya se rumoraban los acuerdos, por tal motivo el General Gorostieta fue el primero en levantar su voz en contra de lo que él llamó, no arreglos, sino traición.

Fue cobardemente asesinado mediante una emboscada para que no representara un obstáculo para dichas negociaciones. Los responsables intelectuales de su muerte fueron: la jerarquia catolica de Mexico, El Vaticano y el gobierno de EEUU. Su ejecutor: el gobierno federal mexicano.

Como habran podido apreciar en estas memorias, los cubanos no somos los unicos en la reciente historia latinoamericana, traicionados por grandes intereses economicos, politicos y religiosos. La Guerra Cristera de Mexico fue un triste ejemplo de ello. Esa repugnante historia de manipulacion, traicion y abandono, hoy se repite con Cuba.

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