Bosquejo de un asesino apellidado Guevara

En esta foto histórica se ve al mercenario argentino, Ernesto “Che” Guevara, tras su captura en Bolivia. A su derecha, el mayor de origen cubano, Félix Ismael Rodríguez, quien fue la última persona en interrogar al hombre que le exigía a sus subalternos, “guardasen la última bala para quitarse la vida, antes de caer en manos del enemigo”. Eso hipócritamente decía, el mismo fanático comunista que terminó sus días rindiéndose como un cobarde.
Por Gabriel Astengo
Ernesto Guevara de la Serna, fue un sociópata argentino, nacido en Rosario y más conocido como el “Che”, o “el Chancho”, que en el argot latinoamericano significa cerdo, mote que le impusieron sus jóvenes amigos por su poca afición a la higiene personal.
Proveniente de una familia pudiente de la clase media alta, comenzó sus estudios de Medicina, los que nunca concluyó, para dedicarse según él, “a correr mundo”.
En Perú conoce a la trotskista Hilda Gadea, mujer poco agraciada y mucho mayor que él, quien lo inicia en esa variante radical de la doctrina marxista y con quien procrea una hija en México.
Ernesto Guevara de la Serna predicó y practicó el odio como factor de lucha. Racista cabal, escribió: “Los negros, los mismos magníficos ejemplares de la raza africana que han mantenido su pureza racial gracias al poco apego que le tienen al baño”.
Sobre los indios anotará “en este tipo de trenes hay una tercera clase destinada a los indios de la región… es mucho más agradable el olor a excremento de vaca que el de su similar humano… la grey hedionda y piojosa… nos lanzaba un tufo potente pero calentito”.
A los aborígenes mexicanos los definió como “la indiada analfabeta de México”. Sobre el campesinado boliviano subrayó, “son como animalitos”.
Ni su mujer, Hilda Gadea, se salvó de sus humillaciones “Hilda Gadea me declaró su amor en forma epistolar y en forma práctica. Yo estaba con bastante asma, si no tal vez no la hubiese “cogido”…lástima que sea tan fea”.
Su afán aventurero lo lleva a Guatemala, donde se identifica con el gobierno pro-marxista de Jacobo Arbenz, de donde sale huyendo luego de la caída de este, producto de una rebelión nacionalista encabezada por Castillo Armas.
Llega asilado a México, donde conoce a Fidel Castro y se une al Movimiento 26 de Julio, con el que comienza a entrenar para un desembarco en Cuba. Su introvertida personalidad y sus prejuicios racistas contra los indios y negros, no son bien mirados por los futuros expedicionarios, en su inmensa mayoría compuesto por cubanos idealistas que soñaban con derrocar la dictadura impuesta por Fulgencio Batista, el 10 de Marzo de 1952.
El 2 de diciembre de 1956, el grupo expedicionario desembarca en Las Coloradas, al sur de la provincia de Oriente, cerca de los enclaves montañosos de la Sierra Maestra. El desembarco fue todo un desastre, pero Castro y un pequeño grupo logran sobrevivir e internarse en los montes de espesa vegetación, donde más tarde se reagrupan.
Ya en la Sierra Maestra, el “Che”, comienza a destacarse por su total sumisión a Fidel Castro y por sufrir constantes ataques de asma. Por su proximidad a Castro es ascendido a comandante, antes que otros rebeldes con más méritos que él.
Constantemente creando intrigas junto a Raúl Castro, en contra de revolucionarios de claras y definidas tendencias democráticas, como lo eran Frank País, René Ramos Latour, el comandante “Daniel”, Jorge Sotús, Huber Matos, Higinio “Nino” Díaz y muchos más, Guevara se va ganando poco a poco la total confianza de Castro, quien más tarde lo utilizaría para sus solapados planes hegemónicos.
Luego de la muerte de Frank País, producto de la infame delación de Vilma Espín Guillois (cumpliendo secretamente órdenes de Castro) la sección civilista y democrática del Movimiento 26 de Julio queda definitivamente acéfala. Los revolucionarios santiagueros, que tan valientemente habían combatido el 30 de Noviembre de 1957, tienen que huir de la ciudad, abandonar la lucha clandestina e integrarse a las guerrillas de la Sierra Maestra controladas por Castro.
No obstante, ya en la Sierra, surgen algunos enfrentamientos ideológicos, siendo el más destacado la polémica surgida entre Guevara y René Ramos Latour, el Comandante “Daniel”, segundo hombre de Frank País.
He aquí algunos fragmentos de este polémico intercambio epistolar entre el revolucionario democratico y el dogmatico stalinista :
En una carta del 14 de diciembre de 1957, Guevara escribía a Daniel: ”Pertenezco por mi preparación ideológica a los que creen que la solución de los problemas del mundo está detrás de la llamada cortina de hierro y tomo este movimiento como uno de los tantos provocados por el afán de la burguesía de liberarse de las cadenas del imperialismo”.
Daniel responde a Guevara el 18 de diciembre de 1957: ”Los que tienen tu preparación ideológica piensan que la solución a nuestros males está en liberarnos del nocivo dominio yanqui, por medio del no menos nocivo dominio soviético”. En aquella misma carta, Ramos Latour agregaba que la ideología del Movimiento “26 de Julio” se inspiraba en el pensamiento político de José Martí, que consistía en hacer de Cuba un país democrático y próspero, pero con justicia social, y que los pactos con otras fuerzas opositoras eran necesarios y saludables.
Un tiempo después, René Ramos Latour, caería combatiendo heróicamente contra el ejército de Batista.
Meses más tarde, Castro designa a Guevara y Camilo Cienfuegos, para comandar la invasión hacia las provincias occidentales.
Luego de librar pequeñas escaramuzas en la zona oriental, Guevara negocia con jefes militares corruptos de Batista su paso por la provincia de Camagüey, entregándoles a estos, fuertes sumas de dinero en efectivo, siendo el caso más destacado el del Coronel Dueñas, quien le cedió el paso a los rebeldes por Baragua, al sur de Ciego de Ávila.
Por el contrario, las fuerzas de Camilo, tuvieron que enfrentarse contra militares honorables, que aunque defendiendo un mal gobierno, no se dejaron sobornar, como fue el caso del pundonoroso capitan Abon Li, en el combate de Yaguajay.
Al llegar a la provincia de Las Villas, Guevara confronta nuevos problemas, ya que los grupos rebeldes que combatían en esa zona se niegan a ponerse bajo su mando.
Finalmente y sin más alternativas al respecto, se ve prácticamente obligado a firmar el Pacto de El Pedrero, junto a los líderes del “Directorio Revolucionario “13 de Marzo” y así aunar esfuerzos para atacar la ciudad de Santa Clara, con fuerzas combinadas de ambas agrupaciones. Otros grupos de insurgentes no pactan con Guevara y continúan la lucha de manera independiente, como el “Segundo Frente Nacional de El Escambray”, quien no reconoce el mando impuesto de Guevara.
Al caer el “famoso” tren blindado en manos de los rebeldes, comienza el fabricado mito de “el guerrillero heroico” otorgándole a Guevara una inmerecida fama, cuando en realidad el peso del combate lo llevaron los hombres del Directorio Revolucionario.
Al triunfo de la Revolución, Guevara es designado jefe militar de la Fortaleza de La Cabaña, donde se destaca por su sangre fría e inmensa crueldad contra los políticos, policías y soldados del régimen vencido. La misma cruel actitud, que más tarde emplearía contra sus antiguos compañeros de lucha, quienes no se someterían al giro comunista del proceso revolucionario. Sus cientos de atrocidades en aquella etapa están más que documentadas. Ernesto Guevara, junto a los Castro, fueron los artífices de la traición a los postulados originales de la Revolución Cubana y de la entrega de nuestra soberanía nacional en manos de la Unión Soviética. Fueron ambos, los verdaderos contrarrevolucionarios de aquel histórico proceso.
Tiempo despues es designado presidente del Banco Nacional de Cuba, donde tiene la inmensa desfachates de firmar los billetes del pais con su vulgar seudonimo del “Che”. Mas tarde lo colocan al frente del Ministerio de Industrias y continuo su “carrera” de desastres.
Años más tarde, cumpliendo órdenes de Castro en su afán expansionista, trata de apuntalar un régimen de tendencia comunista en el Congo, pero malogrado su intento y a punto de caer prisionero, logra escapar y regresa derrotado a Cuba, donde es recibido de manera clandestina y con suma frialdad por parte del gobierno comunista, motivo de su total fracaso en tierras africanas.
Finalmente y para salvar el mito de “el guerrillero heroico”, y para quitarselo de encima, la dictadura castrista lo pone al frente de una nueva campaña expansionista, pero esta vez en tierras latinoamericanas. Se monta un entramado publicitario al mejor estilo hollywoodense, con “carta de despedida” y todo (que más tarde se descubriría que fue escrita por el propio Castro para ensalzar su propio ego) y lo envían al frente de un grupo de “problemáticos” oficiales castristas, a su postrera campaña en Bolivia.
En aquel país todo le fue mal desde el principio, los comunistas bolivianos le viraron la espalda, sus tácticas guerrilleras fueron un total desastre, sus antiguos métodos de sobornar militares no le funcionaron, el campesinado lo ignoró, Castro lo abandonó, Regis Debray lo delató y ya sin logística, con su grupo diezmado, cae herido gritando acobardado ¡no me maten, no me maten, soy el “Che” Guevara y valgo más vivo que muerto!
El hombre que le exigia a sus subalternos, guardasen la ultima bala para quitarse la vida antes de caer en manos del enemigo, se rindio como un cobarde mas.Hecho prisionero fue trasladado a La Higuera, donde se le trató con respeto como prisionero de guerra, en claro contraste con su conducta en Cuba, donde antes de asesinar fríamente a sus adversarios, los humillaba, vejaba e insultaba. Horas más tarde el alto mando boliviano decidía sumariamente ejecutarle.
¡Y cosas de la vida! El oficial de más alto rango que se encontraba ese día en La Higuera, era un cubano exilado, el mayor Félix Ismael Rodríguez Mendigutía, quien recibió directamente la orden del Presidente de Bolivia, Gral. René Barrientos, de que el mercenario argentino fuera ajusticiado. Dicen que cuando el Mayor Rodríguez le comunicó a Guevara la decisión gubernamental, éste se puso pálido. Más tarde, entró el sargento Terán y se oyeron varias descargas.
El que a hierro mató a hierro moría. El mayor Félix Rodríguez, quizá sin proponérselo, era la representación de nuestro pueblo cubano haciendo ejemplar justicia con un derrotado asesino, el mismo que los comunistas trataron de “vender” su figura como un “guerrillero heroico”, cuando en realidad fue un fracaso ambulante.

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