Ramón Saúl Sánchez, dispuesto a regresar a Cuba

Cuando Ramón Saúl Sánchez llegó al Aeropuerto Internacional de Miami en un vuelo procedente de Cuba en 1967, tenía 12 años de edad y viajaba con su hermano menor.

A su llegada, los funcionarios de inmigración estadounidenses les dieron a ambos jóvenes documentos migratorios conocidos como parole que les permitían permanecer en Estados Unidos como refugiados.

Lo que no sabían es que esos paroles más tarde jugarían un papel fundamental en la vida de uno de ellos, Ramón Saúl, que hoy se ha sumado a las filas de los aproximadamente 11 millones de inmigrantes indocumentados en el país después de que su parole original caducó o fue revocado. Además, la agencia federal de inmigración, en una carta sorprendente que Sánchez recibió la semana pasada, le negó su solicitud de residencia del 2002, y le pidió salir del país “tan pronto como sea posible”.

Aunque su abogado de inmigración en Miami, Wilfredo Allen, cree que con el tiempo a su cliente se le concederá residencia en virtud de la Ley de Ajuste Cubano, Sánchez dijo el miércoles a el Nuevo Herald que si todo falla se irá de Estados Unidos, pero no a un tercer país, sino a Cuba, independientemente de las posibles consecuencias.

“Si, al final del día, tengo que salir de este país, que amo profundamente, voy a irme, amándole como siempre lo he amado, quizás amándole aún más, pero no me voy a ir a otro país”, dijo Sánchez. “Voy a salir de aquí a Cuba.”

Por su parte, la oficina de Ciudadanía y Servicios de Inmigración de Estados Unidos (USCIS) emitió un comunicado defendiendo su acción.

“Como política, USCIS no hace comentario sobre casos individuales”, indica el comunicado. “Pero, en general, los que reciben paroles al llegar podrían ser elegibles para la residencia legal permanente (tarjeta verde) después de pasar un año en los Estados Unidos, bajo la Ley de Ajuste Cubano. Sin embargo, si un individuo llegado de Cuba no solicita este estatus en base a esta legislación, otros factores podrían entrar en juego”.

Uno de los pocos exiliados cubanos que nunca llegó a ser residente permanente o ciudadano, Sánchez — que ahora tiene 62 años — es uno de los líderes más prominentes de la comunidad de exiliados cubanos, constantemente organizando manifestaciones en las calles de Miami o flotillas en el estrecho de la Florida o frente a las costas cubanas exigiendo democracia en Cuba.

Como presidente del Movimiento Democracia con sede en Miami, Sánchez es una figura reconocida en el sur de la Florida.

Lo notable fue que el gobierno federal, que durante décadas había tenido una relación de amistad y apoyo con la comunidad cubana del exilio, de repente dio la impresión de haber traicionado a uno de sus líderes. Para muchos en el exilio cubano, la carta que le exigía salir del país fue vista como una prueba más de que la administración del presidente Barack Obama se ha puesto del lado del gobernante Raúl Castro.

Después de todo, fue el presidente Obama quien ordenó unilateralmente el restablecimiento de las relaciones con Cuba y quien en marzo viajó a La Habana para reunirse con Castro y disidentes cubanos, abriendo así una nueva era en las usualmente hostiles relaciones entre la isla y Estados Unidos.

La carta de USCIS provocó el rechazo generalizado entre prominentes cubanoamericanos que salieron en defensa de Sánchez, entre ellos los legisladores federales republicanos Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart y el vicegobernador de la Florida Carlos López- Cantera.

El asunto no surgió en un vacío.

Sánchez se negó deliberadamente a pedir la residencia durante muchos años porque quería seguir siendo cubano para así poder volver fácilmente a su tierra natal cuando las condiciones políticas cambiaran en la isla y volviera la democracia, y no le acusaran de ser extranjero.

“Siempre temí que si me hacía ciudadano de Estados Unidos, el gobierno cubano diría ‘usted no es cubano, así que ¿por qué tenemos que escucharlo a usted?’”, dijo Sánchez en una entrevista en su oficina de La Pequeña Habana.

Pero su firme negativa a entrar al sistema migratorio como residente, se complicó después de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001.

A consecuencia de los ataques, los extranjeros que no tenían papeles o que no se habían hecho residentes legales o ciudadanos empezaron a tener serias dificultades para obtener licencias de conducir o beneficios estatales y federales. A veces tampoco podían convencer a la policía sobre su identidad.

Esta no es la primera vez que Sánchez ha tenido problemas con los funcionarios de inmigración sobre su parole. En el 2003, fue detenido brevemente por agentes de inmigración bajo la sospecha de estar en el país ilegalmente. Eventualmente, Sánchez llegó a la conclusión de que podía seguir viviendo aquí sobre la base de su parole que consideraba indefinido.

Sánchez obtuvo el parole cuando fue procesado como refugiado cubano en la Torre de la Libertad en el downtown Miami el 19 de mayo de 1967. Tenía 12 años de edad.

Dijo que su padre los envío a él y a su hermano a Estados Unidos para que pudieran evitar el reclutamiento militar en Cuba.

Sánchez se inscribió en la escuela y después de clases trabajaba en una pequeña tienda de víveres. Al cabo de unos años, Sánchez se unió a los grupos militantes exiliados que usaban métodos violentos para luchar contra el régimen cubano.

En la década de 1980, pasó cuatro años y medio en prisión por negarse a declarar ante un gran jurado en un caso relacionado con la organización armada militante Omega 7.

Después de ser liberado, Sánchez se transformó en activista anticastrista no violento, organizando manifestaciones en pro de la democracia en Cuba y en oposición a las políticas del gobierno de Estados Unidos que consideraba que favorecían al régimen cubano.

Como líder del Movimiento Democracia, Sánchez llevó flotillas cerca de las aguas cubanas para protestar contra el régimen en La Habana. Tenía la intención de llevar una flotilla el fin de semana pasado, justo después de recibir la carta del servicio de inmigración. La flotilla zarpó pero sin Sánchez.

Sánchez y sus abogados ahora creen que la carta puede haber sido enviada por motivos políticos para frustrar sus actividades en un momento en que las relaciones con Cuba han mejorado.

Sánchez dijo que sus abogados tienen una triple estrategia para responder a la negación de residencia.

Planean pedir al servicio de inmigración reabrir y reconsiderar la negativa, presentar una nueva petición de residencia bajo la Ley de Ajuste Cubano o buscar la protección de la corte federal.

“Pero si todo falla, voy a pedir a Estados Unidos que me permita salir de aquí en un simple, sencillo y totalmente desarmado bote para volver a las aguas de mi país y enfrentaré el fusilamiento, o la cárcel, o las consecuencias que sean”.

Fuente: El Nuevo Herald.

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